Welcome Back...

E
ste lugar está pensado para subir todos mis escritos, tonterias y algunos sueños; aquellos regados por otros lugares, mientras algunos nuevos se van colando.



Lashiel

15 jul 2012

¡Corre!

Solo una pesadilla de alguien más.
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Edward se levantó aterrado de su cama. Resbalándose entre los despojos de ropa y restos de comida de la noche anterior, cayó al suelo. Pero su terror era tal que de alguna forma se arrastró hasta la puerta de su habitación cerrándola con fuerza detrás de Él.
Fue entonces que un ruido agudo, el rechinido de la madera entonó aquella madrugada. Edward jadeaba, mientras que sus manos intentaban cubrir su boca para evitar que su aliento saliera por pies. Pero entonces un golpe seco se asentó en la puerta. Aquello lo hizo soltar un chillido casi insonoro, casi. Su respiración entre cortada no pudo para más y entonces el arrebato lo llevó a vomitar.
La cosa tras la puerta acalló su devenir por un tiempo, mientras la respiración de Edward regresaba a su pecho. Por un instante se contuvo y tomó el valor para ponerse en pie. Pero no fue suficiente. Aquel vomito hediento que hasta hace poco estuvo en sus entrañas se revolcó. Y entonces la puerta se abrió de golpe, mandando a Edward de nalgas hasta el muro de enfrente.
No pudo ver nada, dejó de sentir sus piernas y su cadera. Un calor punzante se adentró entre sus muslos, devorándole la sonoridad de sus quebrantos. Aún cuando quiso no pudo correr, ni siquiera cerrar sus ojos. Aquel ente reptante de sus adentros lo apaleó. Una y otra vez, hasta meterse entre sus labios haciéndose lugar hasta sus intestinos nuevamente. 
No supo más. Su cerebro se desconectó de todo y de nada. 
Edward se levantó… 

25 jun 2012

Proyecto de junio: Juntos y Revueltos

Para el blog adictos a la escritura, un ejercicio divertido. Como es usual, siempre al diez para la hora, lo que lo hace aún más emosionante .

[Anhelada Libertad]

Eduardo se levanto a media noche. Las luces lunares se refractaban de tal forma, que era imposible dormir en la cabina. ¡Esa luna maldita…! Gritaba para sí y sus fantasmas, escudándose siempre de su incompetencia. Vicio usual de un Marín espacial. Forma rimbombante de llamarle a un astronauta naval.

Fue entonces que miró el reloj. Un pequeño cucú, peculiar anacronismo que lo ligaba a su pasado. Eran las 12:23 am. Y golpeando el puerto de mando se exasperó, se preguntaba sí el viejo se habría dado cuenta. Así que sin más tomó su no tan viejo atomizador de partículas y dejó la cabina.

Su paso lento dejaba entrever las secuelas de una guerra. Renco de la pierna izquierda, se apoyaba con su fusil para recobrar el paso. Doce minutos y veinticinco segundos más tarde arremetió con fuerza frente al único prisionero. Pero éste, enmudecido e impávido no le regaló un momento siquiera de su atención.

El Marín bufaba encabritado. Más por su tardía en cumplir con su agenda, que con el desprecio de aquel frente suyo. Su seño desquiciante no esperó más. Digitó los comandos en el panel de control, descargando así un shock, que revivió al recluso.

Treinta y seis minutos. Entonó una voz ronca, muy seca y acabada. Era absurdo, casi inefable. Tendido, más bien tirado se hallaba el cuerpo decrepito del viejo Rey. El último monarca que su reino vio nacer, y al primero que vio caer.

Treinta y siete minutos. Volvió a escucharse. Pero entonces, Eduardo no soportó sus burlas y oprimió nuevamente el botón; sin embargo, esta vez no hubo respuesta. El viejo bulto no se movió.

Treinta y ocho minutos. Aquello caló hondo. Nunca antes sus burlas lo habían descarriado tanto. Prendiéndose del botón, como sí herramienta catártica se tratase, el cosmonauta dejó ir su ira y melancolía hasta no ver nada.

Lo siguiente que escucho fue: Cincuenta y dos minutos. No pudo más. Abrió la celda y encañonado a su rehén, vociferó que callará. La cuenta solo siguió aumentando. En un impulso de salvajismo apretó el gatillo. Por un instante el silencio volvió, engullendo aquella inmensa prisión.

Eduardo respiró lentamente. Sacó de sus ropas un cigarrillo y tras dos fuertes bocanadas se postró juntó al cadáver. Fue ahí que una roída corona rodó, hasta sus piernas. Al tomarla recordó su juventud.

Setenta y ocho minutos. Su cigarro cayó de su boca entre abierta. No podía más. Corrió. Como pudo cerró las rejas y arrastrándose tomó su arma solo para ver como el viejo anduvo fuera. Fuera de su celda, de su nave, de su custodio. Pero la cuenta seguía.
Doce mil, doscientos cuarenta y ocho minutos. Y ni uno más. Se escuchó la descarga de un atomizador. Y la cuenta enmudeció. Solo el viejo cucú, guardó la hora en que aquello sucedió.

24 mar 2009

With no darkness

Hubo un tiempo, donde la oscuridad tan sutil, tal quimerica jugueteaba entre mis sueños.
Recuerdo que entre aquella penumbra existía un poco de luz: un simple juego de sombras inquietas que intentaban apagar aquella luz. Los momentos son tan ajenos al portador que aveces pareciera que nunca los vivió, pero entre lo espeso de la nada siempre cabe volver la vista atrás, aunque sea por curiosidad.



PD: ¿Recuerdas sempai?