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E
ste lugar está pensado para subir todos mis escritos, tonterias y algunos sueños; aquellos regados por otros lugares, mientras algunos nuevos se van colando.



Lashiel

28 jul 2013

Presente Ausente

Escrito el 26 de julio del 2013 después de una meditación y 3 días de silencio. Esto es un ejercicio de limpieza mental. Aunque tal vez solo sean achaques de ingenuidad. Nacido de la idea de adentrarme al laconismo, el resultado evidentemente es fallido, pero me permite observar ciertos aspectos. Creo que callar solo hace que las palabras se guarden en mi pecho. Las emociones atrapadas son nocivas para la salud física y mental. No hay nada malo en ser como Soy.
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     Tantos días han pasado y de la nada las letras se desbordan. Es como si de una botella de champagne salieran de un solo golpe. La referencia es pobre. ¡Tal vez! Pero no importa, lo que me trae entre cables y líneas es solo el mismo tema de siempre; y cuál más sino una mujer.
Los días son extraños desde que me alejé, saben agridulces, pero ahora más dulces que agrios. El olvido no es parte mía aunque quiera, ni tampoco las miles de plegarias a una Diosa que desconozco. Solo es un capricho que no me deja en paz, pero que sabe tan bueno como el primer día. Que es de acaso mencionar del cual jamás me di cuenta. Fue enganchado como suele pasar, jugando a jugar quede atrapado y ahora no puedo escapar.
Pero han salido muchas cosas, buenas, malas y estrafalarias de todo esto. Sonrisas muchas, tristezas varias, y un sinnúmero de cosas que no puedo describir. Aun no estoy donde quiero, pero no hay nada más que un sin fin de ilusiones, muchos caminos esperando por mí. Tan solo a que dé el primer paso.
Soy tan tonto como siempre, iluso e ingenuo, pero un poquitín más perverso. Son mentiras lo aseguro, no hay mas verdades que las que escondo entre mis falsedades; pero que importa si lo que es no es a menos que lo sea sin serlo. No puedo callar, porque el corazón reclama y grita hasta dejar mudo al mundo entero.
Soy lo que soy, lo que aparento, lo que sueño y lo que oculto. Pero sin lugar a dudas soy todo ello y mucho más, más de lo que puedo ver, de lo que puedes Tú. Pero que importa cuando la realidad se desmorona y se crea a cada momento. Solo juego entre mares de arena y oleajes eternos. Castillitos que son inmensas fortalezas, todas ellas creadas para no dejarme pasar, pero que son solo fantasmas que se desvanecen entre mis dedos.
Gracias, mil y un gracias por golpearme con tanta fuerza, pensaba que estaba muerto, pero aun no es así. Así que es momento de gritar entre silencios y sonreír sin que nadie me mire; porque a nadie le importa. ¿O no? No lo sé. Pero es solo una escusa para abrazarte y arrebatarte un beso fugaz.
Solo un momento, el presente, donde las letras caen de a una por montones desvaneciendo la blancura de estas páginas. Solo eso basta para darme cuenta de la belleza de mi sentir, de su valía, de su realidad. Aunque para nadie más, ni siquiera para ti signifiquen gran cosa. Es un qué más da, un solo por esta noche, o tal vez un y sí tal vez.
Bendiciones a todos y a cada uno por jugar a esto llamado vida, entre los rinconcitos tan elevados y profundos donde podemos escondernos y esperar a no ser arrebatados. Pero en el fondo sabemos que llegará, siempre lo hace; para regresarnos a todos al piso firme donde todo reclama su valor.
Suave y gentil es esta mi patria de donde vengo y a donde voy. Cuan hermosos sus destinos, sus personajes y sus guardianes. No hay más que sonrisas cada vez que mis pies juegan a que de puntitas atravesarlo todo sin perturbar. Cosa que jamás consiguen, pero nunca han dejado de intentar. Necios, como solo Yo.
¡Y qué más da! Solo una noche más, solo un rengloncito más, siempre me digo, pero nunca acaba. La vida larga y sutil se desdibuja y aparece de golpe creando las maravillas que de mis ojos son testigos. Milagros revoloteantes de colores que dibujan a su paso las cosas que en sueños encontré.
No hay más que la infinitud de mis posibilidades, la nada y el todo. Porque de ellos están dispuestas las piezas, las cartas y los dados que juegan a ser lanzados, barajeados y escogidos en esta maravillosa tarde de amigos y azares.
Pero no hay nada que la misma fortuna guarde para sí, nada que quiera por cuenta propia dar o arrebatarme,  tan solo oportunidades enfiladas, una detrás de la otra. Y así dan las horas de la madrugada, sonde mis ojos ven lo que se esconde entre claridades, cuando todo se aqueja entre lo cotidiano. Solo en ese momento donde las cosas son cosas y no importa su nombre ni su credo, es cuando me encuentro con todos mis seres, todas mis posibilidades. Suaves, altas, efímeras, salvajes, exóticas, golosas, eróticas, siniestras, apacibles, regordetas, insignificantes, calladas, bastardas; entretejedlas todas y ninguna con el fino hilo que del destino tiñe en carmesí rojizo.
Es la unidad de la totalidad, la imposibilidad de ser lo que soy sin no ser lo que soy. Porque no soy más que mis historias y los recuerdos de los demás. Y en esa pequeña comisura de tus labios puedo entrometerme para contar mi propia historia. Un sueño eterno que se filmo en un solo beso. Tan solo que nunca supo el por qué o para qué. Pero que solo Yo sé donde se aloja y que significa. Y entonces me pregunto; qué es lo que es sin serlo.
No lo sé, siempre es cambiante, siempre lo es, nunca se detiene. Nunca, por más que quiero matarlo a golpes para que calle, para que enmudezca y se deshaga entre mis parpadeos; sigue ahí. Ahí entre las fronteras de la cordura y la demencia. Nadie podrá creerme, pues a nadie le interesa nada, ni ellos mismos. Es entonces donde la nada comienza y se adentra en sus corazones. Pues de la nada salieron y regresan de a poco.
Corro, o lo intento, entre saltitos que siempre recaen en los charcos de lluvias pasadas, de promesas y de ensoñaciones. Sois lo que creo. ¿Verdad? Sé que no es así, pero que es lo que espero. No lo sé. Tan solo abro los brazos y espero a que el Padre venga a susurrarme una vez más mi nombre, el cual hace mucho olvide, pero sigue grabado en algún sitio.
No puedo huir, pues siempre me encuentro a mí mismo. Es ingenuo intentarlo, pero por algún motivo es tan divertido que no dejo de intentarlo. Es entonces que de mis letras salen las recetas que mi corazón guisa entre los momentos de cada día, de cada instante, de cada recuerdo. Una pisca de esto y un poco de aquello, un chingo de esto otro y no olvides un toquecito de ese ingrediente especial, que sin duda siempre le da ese saborcito a casa, a la abuela y su cocina, a su suave regazo.
Es tiempo de jugar y no parar, porque el tiempo de rezar, de temer y de penar hace tiempo que quedo atrás.

27 dic 2012

Cocina Fácil

Para adictos a la Escritura un cuento en época de navidad que no lo es.


Todo fue tan repentino, aunque sí lo pensamos un poco, ya le había llegado la hora al viejo tío Jacobo.
Sin duda alguna no podré olvidar nunca esta navidad, pues el tío Jack, como lo llamaba la tía Marie está grabado en todos mis recuerdos de noche buena.
Era un tipo excéntrico pero hilarante; del tipo de locos que cruzaría un mar solo por encontrar al amor de su vida. Literalmente lo hizo con Marie. La ovejita descarriada de la familia. Todo un roble, fuerte, alto indomable. Todo un hombre. Y hoy estaba frente a su ataúd.
Mi tía no comprendía bien que había sucedido, sí tan solo la noche anterior se veía tan vigoroso y jovial. Con su apetito característico devoro la ración de medio regimiento y algunos postres más.
Tan solo las fiestas pasadas corrió desnudo por el jardín, mientras Yo estaba metido entre media docena de cobijas. Le recuerdo bien gritándome que le acompañara a cazar conejos, de “los grandes”, pues cuando nieva su carne es más dulce. Y hoy estaba más tieso que aquellos conejos.
Pero qué le pasó, me preguntaba. Los ritos funerarios duraron desde ayer por la noche y tal vez seguirían hasta el día de hoy. Así que tenía tiempo para investigar mientras las mujeres rezaban una y otra vez, y los viejos contaban historias de cuando eran unos críos.
Dos horas más tarde, porque su casa estaba realmente apartada de la ciudad, llegué al viejo pueblito. En la puerta de su hogar miré coronas de flores y otras menudencias en honor al difunto.
Puertas y ventanas cerradas. Obvio. Así que tras abrir la pequeña reja que daba al jardín trasero trepé por un árbol y salté hasta un cobertizo, por el cual me arrastré hasta la ventanilla del baño.
Limpio, impecable, aquello era tal cual el estilo de mi tía. Todo en su lugar, siempre en el mismo lugar; como una fotografía, como un museo. Exactamente como en los recuerdos de mi niñez, cuando en vacaciones invernales pasaba los días en aquel lugar.
Paso a paso recordaba pequeñas anécdotas, cada una tan graciosa como ninguna otra. Nadie me creyó jamás, como aquella vez en que tuve que sacarlo de la chimenea; o cuando persiguió a un pequeño zorro por toda la casa, siendo la vajilla de la abuela la víctima número uno.
Al final, tras un sinfín de recuerdos llegué a la cocina. ¡Había sido remodelada! No podía creerlo. Extraño, peculiar, terrorífico. No podía adivinar cómo logró el tío Jack convencer a la “Sargento Ma-Rie” (como le decía a sus espaldas) para dejar ir aquella cocina de mediados del siglo antepasado.
Ollas, cacerolas, cuchillos y sartenes por doquier. ¿Estarían esperando visitas? Parecía que servirían a un regimiento, pero no entendía nada. Moviendo todo de un lado a otro encontré un viejo libro, y viejo es decir un alago, aquello se deshojaba y apestaba a guardado.
En la portada se leía el título apenas visible: “Cocina Fácil... para…”. Pero la última palabra se había borrado. Entre sus hojas un separador dejaba entre ver que “tal vez” estuvo intentando cocinar algo llamado: “La cura de Santa Claus…”.
La cura de qué… Creí haber leído mal así que releí una y otra vez, pero estaba en español. “Santa Claus” Hice una mueca mientras me rascaba la cabeza. No entendía nada, así que exploré entre los restos de aquel siniestro.
Creí identificar carne de alce, reno o venado; pero no estaba seguro. Moras, uvas y cerezas. Un enorme tarro de grasa de puerco y algunas botellas de vino tinto. Pero en muchas ollas y cazuelas había cosas que jamás había visto.
Fue en algún momento que un viejo imán de Santa Claus con su trineo y todos sus renos sobre el refrigerador. Y sin más lo abrí de par en par…
En su interior el cuerpo maniatado y amordazado de un viejo gordo y barbado que apenas podía respirar. Pero no pude ver nada más, pues perdí la conciencia. Algo duro me golpeó en la nuca y caí sobre las rodillas del regordete personaje.
Antes de desmayarme escuche una voz conocida llamarme “chico malo”.

26 sept 2012

En carne propia.

Para adictos a la Escritura. Ejercicio de septiembre: "El mes del asco".
...

“He vivido y he gozado todo lo que la vida me ha dado. No me queda remordimiento alguno. Adiós Marie”.
Aquellas palabras se guardaban apenas en una nota ensangrentada, justo al lado del cadáver destazado de un chico de no más de treinta años.
La tarde había sido muy tranquila, podría decirse muy “aburrida”, hasta que un llamado me sacó volando hasta la escena del crimen.
-Jack. Tenemos un homicidio en Merie Street y Saint Journal.- Olvidó mencionar el número, pero al llegar, fue evidente que no era necesario.
Aquel lugar, un sitio semipoblado, despejado a las horas laborales era la dirección del caso. Una casa pequeña, de tres niveles, totalmente descuidada y sucia. Al entrar el hedor a muerte despejó mis fosas nasales, pero aquello solo fue la bienvenida.
El equipo forense se hallaba trabajando en la cochera, donde al parecer todo había terminado; pero pronto me di cuenta de mi error. Justo cuando pise algo, que instintivamente pateé. Aquello suave y gomoso, un trozo de piel y grasa. Levanté una ceja y con curiosidad lo examiné. Apestaba a feromonas y adrenalina.
-Jack. ¿Estás ahí? Ven rápido.- Uno de los tenientes supuse.
Al llegar hasta ahí. Aquello era inefable. La cocina, un matadero. Trozos pequeños y pedazos enormes de cuerpos; hombre y mujeres, cual carne en carnicería. La pileta llena de sangre y sobre el fregadero bolsas llenas de vísceras; pero ninguna pista de las cabezas.
Para los forenses aquello era un trabajo más, para mí una pesadilla cotidiana. Entonces escuché susurrante una voz que me llevó hasta la cisterna. Limpia, demasiado. Las voces aumentaban y aún así no les entendía. Hasta que abrí la compuerta y les vi. Docenas de cabezas envueltas en plástico me miraban. Sus ojos seguían los míos y en un instante no pude más…
-Te gusta. ¿Verdad? Perra… mi dulce puta.- No veía nada, pero le escuchaba. Mi cuerpo cansado y adormecido revivía a cada golpe, a cada corte con cada descarga.
Entonces lo sentí. El calor ardiente, al rojo vivo de un cuchillo sobre mis tetillas; y de pronto. ¡Sassss! Un grito sin fuerzas se escurrió de mi boca. Pero el cuchillo volvió. No lo podía creer. Intentaba como pude escapar, abrir los ojos, pero con cada intento, algo se clavaba en mis muslos después del sonido de una explosión.
No podía moverme, aquello me dejó clavado a una silla. Y entonces se detuvo. Pero en lugar de calma, el miedo me arrebató. Sus pasos suaves y el murmullo del cuchillo afilándose en la piedra desgarraban mi corazón. La sangre en mi boca, la falta de dientes y el picahielos perforando mi lengua. Todo aquello además del silencio, aumentaba el tic tac de mi corazón.
Moriré, era lo único que daba vueltas en mi cabeza. Mientras el odio y el rencor iban y venían. El nombre de Susan recorrió mi cabeza. Solo para detenerse bruscamente. Mi cuello fue cercenado y todo aquello se desvaneció.
Al regresar a mí. Tenía la lengua de fuera, las manos sobre la garganta e hincado en el piso mi esfínter cedió, envolviéndome en mis fluidos corporales.
-Calma Jack. Ya todo está bien.- Una suave y fuerte voz de mujer intentaba aliviar mi pecho. – ¿Le has visto? ¿Sabes quién fue?- No podía hablar, el shock fue tan severo que mis cuerdas bucales las sentía cortadas.
Aquella chica me levantó y ayudándose de un pañuelo limpió mi rostro. Lentamente fuimos hasta el garaje. Y ahí dentro sobre uno de sus muros estaba Él. Su cuerpo desnudo, con los genitales cercenados y dejados en su boca, se erguía en posición de Cristo en la cruz, pegado por docenas de clavos de una pistola hidráulica.
Lentamente anduvimos hasta ahí, mientras que los detalles volvían a mí. La silla llena de hoyos, los cuchillos de puntas fundidas y un soplete de buteno a dos pasos. Pero cuando llegué hasta su cadáver me di cuenta que en su boca, sus genitales se mantenían fijos gracias a un picahielos. Sin darme cuenta, sin sentirlo, lo jalé.
Entonces todo se volvió rojizo y sus ojos me miraron y por un instante le oí decir:
-Serás el próximo…Sirena…-
 Caí al piso mientras mis ojos la buscaban a “Ella”, quien sonriendo angelicalmente entrelazó su mirada a la mía.

26 jul 2012

Una sonrisa carmesí.


Para "Adictos a la escritura" un ejercicio más. Juntos, revueltos y de aniversario.
Personajes: Un payaso y una sirena.
Esta vez jugué con otro estilo y otra temática, aunque creo que mis ojos siempre ven las cosas con cierto "matiz". Jejeje.

[Imagen:
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[Una sonrisa carmesí.]

Eran las 4: 15. El teléfono sonó nervioso, o tal vez era Yo el neurótico. Una, dos, tres veces hasta que descolgué.

−        ¡Jack! Te necesito en el Muelle Alancord. Al parecer tenemos un homicidio inusual…− de repente la voz se cortó, al parecer la línea se cayó.

“Alancord”. No me entretuve  pensándolo demasiado. Aquel lugar sucio y despoblado, hacia casi veinte años que nadie lo visitaba. Tras encender a regañadientes el vehículo y recorrer las calles oscuras, la neblina me acompañó hasta dar con el hedor del puerto.

Al bajar vi a algunos colegas examinando la escena. Docenas de pequeños recuadros enumeraban las posibles pistas. Pero la más evidente era aquello frente a mí. Las palabras “inusual” y “homicidio” saltaron de pronto martillándome las sienes.

Un viejo, fornido y calvo, con una inmensa sonrisa dibujada en su rostro. Carmesí. Al acercarme y quitar la frazada sobre su cadáver fue evidente la masacre. De la cintura para abajo, nada. “Algo” le había amputado de un solo tajo la cadera con todo y piernas. Al mirar a mis compañeros, su mirada me dejaba atónito. No habían encontrado “la mitad” de su cuerpo por ningún sitio.

−  ¡Ahhh! Odio mi trabajo. – susurré para mis adentros.

Encendí un cigarrillo y lentamente me quite los guantes de cuero, y debajo de ellos unos de fino látex. Le toqué, mi palma sobre su frente y ahí comenzó la danza.

Le veía apenas, borrosamente. Aquel viejo, un pierrot, celebraba junto a su compañía el aniversario 45. Así mismo su despedida. Su lengua embriagada en melancolía se veía adormecida por una inmensa cantidad de vodka.

Cuando la fiesta acabó, la tristeza seguía ahí. Sus pies duros y apelmazados por su inmenso calzado le llevaban, cual siniestro cadáver por la bruma de la noche. A cada tanto murmuraba algo intangible.

−  Sirena… − le oí decir en algún momento, cuando por fin el alcohol se acabó y dejó tras de sí la botella, al levantarse del piso una vez más.

Su vista cansada le jugaba triquiñuelas. Por un momento creí verles también. Una hermosa chica vestida de blanco nos llamaba. Eso me empapó en miedo, pero seguí adelante; más por la duda que por la inmensa agonía.

Sin decir más ambos cuerpos tan distintos entre sí. Aquel adefesio, tan rancio y decrepito; tan senil y grotesco le tomó en brazos. Aquella linda chica, tan suave, frondosa, exuberante; parecía en realidad una sirena. Sin decir más aquellos cuerpos se retorcieron, mezclando las salivas de sus bocas; tragándose uno al otro. Hasta que sucedió…

Sentí un líquido caliente recorriendo mi garganta, el habla se había esfumado y en su lugar quedo un dolor agudo. Al posar mis ojos en la chica su vestido blanco se había teñido de escarlata. No podía hacer nada, ni siquiera observarle con los ojos abiertos.

El viejo cayó y Yo con Él. Su respiración lentamente abandonó su cuerpo. Su mirada hacia el cielo fúnebre se acompañó por una orquesta de sonidos guturales, inefables, intangibles.

Tras una eternidad, aquella quimera acercó su rostro bestial; maquillado por completo del humor de vida del pierrot, volvió a besarle. Un beso que lo drenó hasta los huesos; hasta el alma, y sus adentros. Fue al final, cuando la muerte se avecinaba que Ella le cerró los ojos.


El aliento regresó a mí. Estaba envuelto en sudor frío, y a mi lado el viejo, su cadáver. La colilla fría del cigarrillo me contaba cuanto estuve fuera. Una palmadita suave y firme me hizo recobrar la cordura, la poca que aún conservo.

− Inusual. ¿No es cierto? – escuche detrás de mí.

Aquella hermosa voz que siempre me despierta de madrugada. La cual hace unas horas me invocó hasta aquí. No sabía sí llorar o reír. Lentamente miré sobre mis hombros, esperándola con la pasión de siempre, pero está vez me equivoqué. Al verle a los ojos enmudecí y tartamudeando apenas dije:

− Sirena… −




15 jul 2012

¡Corre!

Solo una pesadilla de alguien más.
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Edward se levantó aterrado de su cama. Resbalándose entre los despojos de ropa y restos de comida de la noche anterior, cayó al suelo. Pero su terror era tal que de alguna forma se arrastró hasta la puerta de su habitación cerrándola con fuerza detrás de Él.
Fue entonces que un ruido agudo, el rechinido de la madera entonó aquella madrugada. Edward jadeaba, mientras que sus manos intentaban cubrir su boca para evitar que su aliento saliera por pies. Pero entonces un golpe seco se asentó en la puerta. Aquello lo hizo soltar un chillido casi insonoro, casi. Su respiración entre cortada no pudo para más y entonces el arrebato lo llevó a vomitar.
La cosa tras la puerta acalló su devenir por un tiempo, mientras la respiración de Edward regresaba a su pecho. Por un instante se contuvo y tomó el valor para ponerse en pie. Pero no fue suficiente. Aquel vomito hediento que hasta hace poco estuvo en sus entrañas se revolcó. Y entonces la puerta se abrió de golpe, mandando a Edward de nalgas hasta el muro de enfrente.
No pudo ver nada, dejó de sentir sus piernas y su cadera. Un calor punzante se adentró entre sus muslos, devorándole la sonoridad de sus quebrantos. Aún cuando quiso no pudo correr, ni siquiera cerrar sus ojos. Aquel ente reptante de sus adentros lo apaleó. Una y otra vez, hasta meterse entre sus labios haciéndose lugar hasta sus intestinos nuevamente. 
No supo más. Su cerebro se desconectó de todo y de nada. 
Edward se levantó… 

25 jun 2012

Proyecto de junio: Juntos y Revueltos

Para el blog adictos a la escritura, un ejercicio divertido. Como es usual, siempre al diez para la hora, lo que lo hace aún más emosionante .

[Anhelada Libertad]

Eduardo se levanto a media noche. Las luces lunares se refractaban de tal forma, que era imposible dormir en la cabina. ¡Esa luna maldita…! Gritaba para sí y sus fantasmas, escudándose siempre de su incompetencia. Vicio usual de un Marín espacial. Forma rimbombante de llamarle a un astronauta naval.

Fue entonces que miró el reloj. Un pequeño cucú, peculiar anacronismo que lo ligaba a su pasado. Eran las 12:23 am. Y golpeando el puerto de mando se exasperó, se preguntaba sí el viejo se habría dado cuenta. Así que sin más tomó su no tan viejo atomizador de partículas y dejó la cabina.

Su paso lento dejaba entrever las secuelas de una guerra. Renco de la pierna izquierda, se apoyaba con su fusil para recobrar el paso. Doce minutos y veinticinco segundos más tarde arremetió con fuerza frente al único prisionero. Pero éste, enmudecido e impávido no le regaló un momento siquiera de su atención.

El Marín bufaba encabritado. Más por su tardía en cumplir con su agenda, que con el desprecio de aquel frente suyo. Su seño desquiciante no esperó más. Digitó los comandos en el panel de control, descargando así un shock, que revivió al recluso.

Treinta y seis minutos. Entonó una voz ronca, muy seca y acabada. Era absurdo, casi inefable. Tendido, más bien tirado se hallaba el cuerpo decrepito del viejo Rey. El último monarca que su reino vio nacer, y al primero que vio caer.

Treinta y siete minutos. Volvió a escucharse. Pero entonces, Eduardo no soportó sus burlas y oprimió nuevamente el botón; sin embargo, esta vez no hubo respuesta. El viejo bulto no se movió.

Treinta y ocho minutos. Aquello caló hondo. Nunca antes sus burlas lo habían descarriado tanto. Prendiéndose del botón, como sí herramienta catártica se tratase, el cosmonauta dejó ir su ira y melancolía hasta no ver nada.

Lo siguiente que escucho fue: Cincuenta y dos minutos. No pudo más. Abrió la celda y encañonado a su rehén, vociferó que callará. La cuenta solo siguió aumentando. En un impulso de salvajismo apretó el gatillo. Por un instante el silencio volvió, engullendo aquella inmensa prisión.

Eduardo respiró lentamente. Sacó de sus ropas un cigarrillo y tras dos fuertes bocanadas se postró juntó al cadáver. Fue ahí que una roída corona rodó, hasta sus piernas. Al tomarla recordó su juventud.

Setenta y ocho minutos. Su cigarro cayó de su boca entre abierta. No podía más. Corrió. Como pudo cerró las rejas y arrastrándose tomó su arma solo para ver como el viejo anduvo fuera. Fuera de su celda, de su nave, de su custodio. Pero la cuenta seguía.
Doce mil, doscientos cuarenta y ocho minutos. Y ni uno más. Se escuchó la descarga de un atomizador. Y la cuenta enmudeció. Solo el viejo cucú, guardó la hora en que aquello sucedió.

24 mar 2009

With no darkness

Hubo un tiempo, donde la oscuridad tan sutil, tal quimerica jugueteaba entre mis sueños.
Recuerdo que entre aquella penumbra existía un poco de luz: un simple juego de sombras inquietas que intentaban apagar aquella luz. Los momentos son tan ajenos al portador que aveces pareciera que nunca los vivió, pero entre lo espeso de la nada siempre cabe volver la vista atrás, aunque sea por curiosidad.



PD: ¿Recuerdas sempai?

10 mar 2009

Diario de un Ángel Vagabundo

Weno [*0*] Tengo pensado subir el Capítulo I que alguna vez subí a NMT. Aunque esta versión será la revisada y corregida.
Además de subir los Capítulos V y VIII. Aunque será de a poquito y todo mezclado. [m*w*m] ¿O no?
Diario de un Ángel Vagabundo

Prologo

He nacido al fin, he reencarnado nuevamente…un nuevo amanecer se cruza en mi camino. ¿Pero dónde me encuentro? No lo sé. Abrí los ojos y vi el rostro de mi madre, tierna criatura de mirada frágil y dulce resplandor; pero ella no lo es, es solo una más de quienes me han visto nacer. He vivido más vidas que un gato y eso me ha llevado a estar en muchos mundos. Soy un caminante sin rumbo fijo, mi vida es como una cometa a la deriva del viento, solo tengo un deseo… encontrar aquello que los humanos anhelan y dicen conocer, aquello que llaman amor.

 

Tras vagar por tanto tiempo he visto con mis propios ojos a miles de personas que presumen amar o ser amadas, pero ningún amor es igual a otro. Entonces... ¿Cómo haré para encontrarlo? Aunque muchas personas me han amado, ningún sentimiento es igual. Ira, pasión, ternura, deseo, fraternidad… Cada persona le da un tinte diferente a esta palabra, y aun cuando yo no he podido mostrar indicios de ese sentimiento, es de mí el encontrar a quien amar; hallar aquella persona, que pueda compartir lo mismo que yo deseo día a día.

 

Ya no soy una criatura pura, no soy un ángel, un demonio o un  humano… mi existencia es un híbrido que mezcla las bondades y los fracasos de cada uno. Soy tan frágil como un humano, tan puro de sentimientos, tan fuerte, tan orgulloso, tan sádico, tan irreal y tan iluso… ¿Alguien habría imaginado alguna vez mi existir? No lo creo. Es más, estoy seguro que aún Dios se asombra de que algo tan amorfo como yo siga con vida después de tanto tiempo. Acaso será mi deseo de vivir, mi delirio de hallar mi verdad o la euforia de tratar nuevamente una y otra y mil veces más sin demostrar tristeza en mi semblante.

 

Una pregunta me viene a la mente cada vez que te vez al espejo. ¿Qué es lo que vez? ¿Acaso está seguro de ser tu aquel que se refleja sobre el cristal? ¿Estás realmente seguro de qué eres tú? Cada vez que veo un espejo veo un nuevo rostro, una mascara más de este ser, una nueva oportunidad para demostrarle al mundo que mi existir no es una broma, sino una bendición. Esto no es un error, es solo el deseo de un ser por encontrar su verdad, no es fantasía o ficción, es mi verdad…es mi vida.

 

Me gusta volver a la vida sin recordar todo lo que he vivido, para darme ocasión de caminar por un nuevo sendero.  Pero mi Señor se ha cansado y me repite cada vez que no me dará otra oportunidad; que este es mi último bote y que de no encontrar todos los fragmentos de mí corazón, no habrá más sendero por el cual caminar.

 

Tras todo este tiempo aborrezco a los humanos comunes y corrientes, a todos aquellos que no quieren ver las delicias de la vida; aquellos que se conforman con ser esclavos de sus más profundos deseos, que sirven como perros a quien sea por cumplir sus sueños. Sucias criaturas que no maquilan sus destinos, sino que prefieren comprar una vida ya trazada; sus almas se satisfacen con la escoria de la vida y no ven mas haya de sus narices. ¡Ja! Pero… ¿Quién soy yo para juzgar sus actos? Si tras una eternidad no he conseguido alcanzar mis objetivos. Me gustaría poder encausar sus caminos, demostrarles que viven en un error mortal que les carcome el alma…pero me está prohibido. Cada vez que veo como alguien cae, me duele el alma… solo puedo voltear la mirada y esperar que acabe. El haber cambiado el destino de un mortal me costo penar por el inframundo más de una vez, pero... ¿Qué es un instante de dolor, si puedo ver feliz a alguien que me demostró su amor?

 

Esta vez me librare de mis ataduras…me dejare llevar por la corriente, haré lo que hacen los demás; tal vez así pueda probar al fin aquello que los demás llaman amor...


©Lázaro Barajas Juan Pablo (Lashiel) 2004 


4 mar 2009

Mis egos, cadenas invisibles de mi ser, que aún no lo es...

ReUp...19 enero 2006 13:05
Maldita sociedad, falsa realidad... que solo alimenta el ego de los ciegos, quienes se creen excelsos, perfectos. La sonrisa en falsedad cubre sus rostros, tan solo para aparentar ser lo que no pueden comprender; más, solo la ira y la tristeza se alojan en sus corazones; y el ego... o mejor dicho "los egos", que transtornan su realidad haciendola polvo.
Incontables cadenas, nos mantienen besando el firmamento. Tan pesadas y sofocantes que suelen arrancar la vida de las carnes aún palpitantes, sin remordimiento alguno. Pero para aquellos que gozan de una luz en falsedad, no pueden percatarse de cuan amarga es su situación, cuan inmensamente cruel y despiados son las sombras que les atan. Viven y gozan sin poder observar en el espejo las ataduras que les impiden ser. Cual quimera, amorfe e imposible de concebir, así pudiesen ser, estos lazos que nos impiden seguir.
Realmente, ¿Habrá algún ego que me ayude a ser? La vida misma es una aventura única para cada quien, que se repite infinitamenete, en aquellos que NO desean tomar las riendas sus propias manos. Imposible vanidad de unos cuantos, intangible sensación de superioridad, de inmensa lejanía de logros sin sentido, de vidas que inician y se marchitan sin núnca llegar a ser...
Y aún así no puedo...no logro aún, ¿Cómo podre?...¿Cómo deshacerme de todos ellos? Púes gracias a todo ello soy lo que vez ahora, un ser que no lo es, que esta más cerca de la nada que de la existencia; oscuridad... hermosa dama sepulcral, que desea arrebatarme el último as de luz, que guardo en este corazón vapuleado por la realidad.
Son demonios, sombras...las cadenas que me hablan al oido cada vez que algo lo amerita, la ira, la vanidad, la avaricia, los celos; todos ellos y aún muchos más, que con sus dulces palabras plagadas de mentiras y veneno consumen mi alma, forjando ante mis caidas, una a una, cadena sobre cadena, que me quitan la poca luz que aún perciben estos ojos en penumbras.
De pronto un grito, una voz se alza desde lo más profundo, y resuena en cada rincón de mi ser que aún no es, tocandolo todo y cimbrandolo desde sus cimientos; grita y desea que le escuchen, pero mis oidos estan sordos y apenas puedo percibir un leve...BASTA YA!!!
Dulce doncella que haz venido a mí, ¿Eres realmente tú? No...no lo eres. Pero su voz es tan real, tan suya, que mis oidos se caen como piedras en un acantilado, dejandome oir sus bellos canticos, sus oraciones que me alientan a ver sin tener abiertos los ojos...
Veo, pero no lo creo, a varias bestías a mi alrededor, que se acercan a mí, solo para despertar en mi interior sentimientos tan conocidos, pero ahora sin escencia. Y mis lágrimas caen como llamadas de la nada, mientras la melancolía embriaga mi ser incompleto. Un dolor tan grande, indescriptible y enloquecedor me golpea por doquier, y creo que morire.
Su cantico se hace cada vez más fuerte, tanto que solo puedo oirla, las demás voces quedan sordas ante su voz. Todo mi ser se desmorona y pierdo toda noción de mi realidad. Despierto en soledad, solo para verme bañado en mis lágrimas, para sentirme ajeno a estas carnes y desconocerlo todo.
Y esta maldita sociedad, sus principios y virtudes, su moral absurda y sus conceptos sin pies ni cabeza. Me pregunto, ¿Cómo vivir en un mundo ironico, intangible y sin...? Bahh!!! de pronto miro en mis manos una realidad inversa, irreconocible, imposible; las cadenas que aún me atan parecen carcomidas, oxidadas, putrefactas; y de un tiron se desmoronan al viento las más debiles, mientras que algunas más oponen resistencia a mi mirar. Visto entonces este ser que comienza a ser, con nuevas ropas y nuevos principios; quien al mirar al espejo rie y sueña con encontrar lo que aún falta por descubrir.
Pero que aún sufre por no encontrar las llaves que abran las cerraduras de las últimas cadenas que le tinen del cuello.

3 mar 2009

Una sonrisa y unos espejuelos...

Re_up 27 mayo 2006 22:09

En el más minimo instante, en un lugar como cualquier otro, Ella llegó ante mis ojos. Su hermosa cabellera, que caía hasta sus hombros me escondía de su rostro. No pude dibujar con toda seguridad su rasgos, pues su aroma hipnotízate me cautivó. Era un sueño, un espejismo...o algo más.

Me sentí extraño, fuera de mí mismo. Me tomo por el hombro y descansó por un instante su cuerpo en mi espalda; podía sentir su calor recorriendo mi espalda. Su corazón parecía latir con sutileza, y su tictac me reconfortaba el espíritu. Cuando su voz golpeo mi ser, pero no como su imagen; me parecía tan familiar, que comenzamos a platicar y platicar, mientras caminábamos.

Su tímida sonrisa me daba aún más seguridad de la que normalmente radica en mi. Gozaba del momento, como con un viejo amigo quien siempre estuvo a mi lado, aunque no le reconociere. Las palabras iban y venían sin que importase su contenido, mi sonrisa se transformo en seguridad y entusiasmo.

Recorrimos todo un mundo fantástico, hasta que una vez más desapareció; así como llego a mis espaldas para darme un instante de satisfacción, así mismo partió en un parpadeo.

Pero alguien más me esperaba a la mesa, para disfrutar de un delicioso manjar, un postre tan dulce como su persona. No era lo mismo, no importaba el hecho de que no estuviese sola, ni de que los demás comensales fuesen reyes y nobles, a quienes mi estirpe jamás suele tratar.

Tras los saludos de etiqueta comenzó el deleite. Ella quien me había llamado a convivir a su lado sonreía falsamente, pues su mirada vagaba fuera de ese lugar. Ese instante tan refinado y delicado terminó pronto, búas Ella, dulce y refinada doncella de cabellera dorada, y bellos ojos tras un par de espejuelos dejó la mesa un tiempo .

Todo acabó, y tras despedirme recorrí una vez más aquel universo, tan agradable, antiguo y deseable. Pero mis ojos sucumbieron a un cansancio, que me hizo descender en un sueño tan profundo como los mares del olvidó.

Recuerdos...


Este lugar está pensado para subir todos mis escritos, tonterias y algunos sueños; aquellos regados por otros lugares, mientras algunos nuevos se van colando.



Lashiel